comidas

Una respuesta sociológica a las desigualdades nutricionales.A cargo de los siguientes investigadores: Luis E. Blacha, Carolina Reid, Juan Segura, Juan Seoane, Eliana Kosiorek, Eugenia Doffo.

El contexto de pandemia y el decreto de aislamiento social preventivo obligatorio (ASPO), bajo el lema #quedateencasa,  modificó nuestra forma de alimentarnos, y lo que cabe resaltar es que afectó el camino a prácticas saludables. Una alimentación saludable es aquella que  aporta todos los nutrientes esenciales y la energía necesaria para que podamos realizar todas nuestras actividades cotidianas y vivir con salud; e incluye el "acto de comer", que  va más allá de la incorporación de nutrientes, ya que apela a vínculos sociales y a prácticas culturales. Las distintas esferas involucradas en lo que refiere a alimentación, dan cuenta de un problema multidimensional que se refleja en la dificultad para afrontar la malnutrición.

 Según un estudio exploratorio efectuado por dos investigadoras del Conicet y una médica, mediante una encuesta auto-administrada virtual a una muestra de 2518 personas desde el inicio del ASPO hasta el 1 de abril, nos ofrece datos que nos alertan del incremento de dietas poco saludables y la reducción de la actividad física, ya que disminuyo el consumo de frutas y verduras, y el consumo de leche, yogur y quesos; por otro lado, se detectó el aumento del consumo de panificados y amasados, y el consumo de bebidas azucaradas y alcohólicas. Sin embargo, el 54% de las personas encuestadas incrementó el consumo de comidas caseras. Es un dato que nos brinda un poco de luz entre tanta tiniebla, ya que la pandemia nos ha llevado a recuperar el habito de cocinar, elaborar preparaciones caseras, recuperar recetas tradicionales y vivenciar la mesa compartida.

  Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), como herramienta educativa, que nos acerca un conjunto de mensajes con recomendaciones que orientan la adopción de hábitos alimentarios saludables, tanto desde el punto de vista nutricional como sociocultural, cobran especial interés en el actual contexto porque sintetizan una serie de pautas que trascienden la seguridad alimentaria -en tanto el acceso a un conjunto mínimo de calorías- para focalizarse en la soberanía alimentaria (SA) que pone en juego una identidad, una cultura y una comosvisión propia. En su primer mensaje propone "... comer tranquilos, en lo posible acompañados (...) y elegir alimentos preparados en casa". Una proclama para reencontrarnos con una normalidad perdida mucho antes del comienzo del ASPO que nos permitan alimentarnos de forma saludable y con un sabor que nos represente.  

 Una situación excepcional que con un enfoque adecuado, como el que sintetizan las GAPA, puede permitir el surgimiento de hábitos saludables como priorizar el componente social en la comida. Los comensales recurrimos a las prácticas y herramientas que veníamos utilizando, aún cuando ponen en riesgo la salud. Así se explica que la disminución en el consumo de frutas y verduras no es solo una cuestión de tiempos sino que no nos sentimos identificados con ellos.

El acercamiento de los comensales con los productores es indispensable para conocer la variedad que nos estamos perdiendo como las demandas que hoy no encuentran satisfacción. El mayor consumo de panificados y amasados, así como la búsqueda de la  satisfacción en bebidas azucaradas y alcohólicas, muestran prácticas alimentarias  poco saludables que colonizan el paladar. El acercamiento a la cocina que se está produciendo en el ASPO es un buen punto de partida para ampliar los sentidos y la experiencia de comer, no sólo como disfrute sino también como un modo de compartir a la distancia.

 

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