- 25 de octubre de 2022
Se trata de María Teresa Serantes Lede, quien declaró ante el tribunal que desde octubre de 2020 juzga a 16 represores, entre ellos el exmédico policial quilmeño Jorge Bergés.
Una mujer
denunció este martes las violaciones de las que fue víctima durante su
cautiverio en el Pozo de Quilmes, al declarar ante el Tribunal Oral Federal
(TOF) 1 de la ciudad de La Plata en el marco del juicio a 16 represores por
delitos cometidos en tres excentros clandestinos de detención durante la
dictadura cívico militar.
Se trata de
María Teresa Serantes Lede, quien declaró ante el tribunal que desde octubre de
2020 juzga a 16 represores, entre ellos el exmédico policial quilmeño Jorge
Bergés.
Durante la
audiencia también brindó testimonio, como testigo de contexto, la médica
psiquiatra y psicoterapeuta Lucila Edelman, quien expuso su investigación sobre
los efectos psicológicos y psicosociales del terrorismo de Estado, y en
especial las secuelas producto de las violaciones y los daños en el psiquismo
de los hijos e hijas de desaparecidos.
Serantes
Lede relató su secuestro junto a su esposo Alberto, el 21 de abril de 1978 en
Lanús, cuando se encontraban junto a su hija Amaranta, de 2 años y medio, a
quien el grupo comando dejó con una vecina.
"Estuve
en el Pozo de Quilmes, no tengo dudas", dijo la mujer al comenzar a
relatar su cautiverio de un mes en ese lugar, donde sufrió "golpes,
manoseos de todo tipo de parte de varias personas y violaciones".
Asimismo,
denunció que "en los interrogatorios siempre me desnudan; en algunos me
quitaron las ataduras, en otros no" y "me preguntaban apodos de
personas que no sabía quiénes eran. Y hubo violaciones".
La mujer
precisó que en esos interrogatorios "estaba presente una mujer, su rol era
azuzar a los hombres para que me hicieran más vejaciones, más
violaciones".
"No
voy a repetir las palabras, son muy bajas, pero todo el tiempo estaba azuzando:
´hagan, hagan, hagan´. Creo que ella nunca me tocó, más que trompadas o cachetadas.
Ella estaba ahí para azuzar y crear situaciones muy violentas", afirmó
Serantes Lede.
Luego de
estas torturas, contó, volvía a la celda "donde tratamos que nos afecte lo
menos posible. Dejamos nuestros sentimientos afuera y de alguna manera resistimos".
"Nuestra
vida anterior no existía. La vida posterior tampoco existía", dijo con
pesar.
Remarcó que
"uno bloquea todo tipo de sentimientos y puede llegar a ponerse a cantar,
jugar al Veo Veo entre los interrogatorios. Uno lo ve absurdo y da hasta vergüenza
pero fue una realidad. Cerrás, bloqueás, tratás de que las cosas no hagan daño
y que ellos (los represores) no te hagan daño".
Serantes
Lede recordó que todas las tardes "empezaban a escucharse llantos de
niños, gritos de dolor de niños, llantos de desconsuelo" y dijo que
"traté de pensar que era parte de la tortura, que eran grabaciones, así no
me hacía daño. Las escuchaba como escuchábamos la radio".
La mujer
recordó que fueron liberados un mes después, y que fueron los últimos en ser
retirados de ese excentro clandestino y que cuando pudo reencontrarse con su
hija, ésta expresaba su extrañeza y rechazo.
"Mi
hija fue entregada a mi hermano cuatro días después de nuestro secuestro pero
nunca pude saber dónde estuvo esos cuatro días. Al cuarto día de mi secuestro
dejan a mi hija solita en la vereda de la casa de mi hermano, con dos años y
medio", detalló.
Destacó que
Amaranta tardó una semana en aceptar que su padre se acercara a ella. Y ella
debió mostrarle una herida en su estómago que le habían producido en el Pozo de
Quilmes y que la niña habría interpretado como el motivo por el que no estuvo
con ella ese mes.
Contó que cuando se fueron al exilio "después de que llegamos a Madrid, al día siguiente Amaranta había bloqueado todo lo vivido en Argentina, nunca supo nada, no recordaba nombres, nada. Bloqueó todo".
EL TESTIMONIO DE PSIQUIATRA QUE ATENDIó VíCTIMAS
Tras su
testimonio, declaró Lucila Edelman, quien desde su experiencia de años de
atender a sobrevivientes de la última dictadura, detalló las secuelas
psicológicas que presentan tras haber atravesado esa situación.
"Esa
situación traumática incide en la persona que la sufre y en el cuerpo social en
su conjunto, a lo largo de varias generaciones, por eso decimos que es
multigeneracional, intergeneracional y transgeneracional", afirmó.
Tras hablar
sobre lo que implicó la tortura, como una experiencia extrema "donde está
presente el fantasma de la muerte", se explayó sobre las violaciones
sufridas por hombres y mujeres durante su cautiverio.
"La
violación no es un fenómeno originado en una patología o conducta individual
muy aislada, no es un enfermo mental solamente, Tiene carácter social y fue una
práctica habitual en esa época, solo que se demoró en ser denunciada",
precisó.
Aseguró que
"todas las formas de abusos sexual tienen efecto traumático, se puede
elaborar o se puede quedar enquistado. Tiene efecto en la psiquis y en las
relaciones interpersonales".
Detalló que
quien ha sufrido violaciones puede presentar depresión, ideación suicida,
desorden de la personalidad y afectación de identidad de género en el caso que
la víctima sea un hombre.
Con
respecto a los hijos e hijas de desaparecidos relató las dificultades que afrontan
para hacer el duelo; cómo la ambigüedad sobre el destino crea situación de
hecho psicotizante y restricciones en la capacidad del yo".
Finalmente,
consideró que para los sobrevivientes "los testimonios en los juicios son
reparatorios" y conllevan para ellos y ellas "el sentimiento de
responsabilidad por dar testimonio".
También
declaró en la jornada de hoy, Raúl Olivera, integrante de la Comisión de
Derechos Humanos del Plenario Intersindical de Trabajadores - Convención
Nacional de Trabajadores, y secretario ejecutivo del Observatorio Luz Ibarburu,
quien contó la investigación realizada para conocer el destino de uruguayos y
uruguayas desaparecidas en Argentina que son víctimas en este juicio, y planteó
la necesidad de sistematizar la información con la que cuentan ambos países.
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