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(Por Fernando Pérez, concejal UCR Quilmes)"El actual gobierno nacional se sostiene sobre un fenómeno que vale la pena entender a fondo". A continuación la columna de opinión:

Milei llegó al poder con un fuerte respaldo del electorado de clase media, mayoritariamente antiperonista, especialmente en el balotaje. Pero también con una novedad: en los sectores populares, jóvenes varones —muchos hijos de peronistas— encontraron en su discurso una salida a la frustración de vivir mal, cansados y asqueados de un sistema que no les ofrecía futuro.

Sin embargo, ese apoyo comienza a diluirse. El modelo económico vigente no solo no los incluye, sino que los excluye cada vez con más fuerza. Y el discurso oficial, lejos de contenerlos, los estigmatiza con una narrativa anti-pobre que termina discriminándolos.

En paralelo, el núcleo duro de Milei hoy está en las capas medias ex Juntos por el Cambio, que pese al impacto del ajuste económico, lo sostienen porque su rechazo al kirchnerismo es aún más profundo que su malestar cotidiano.

Pero a medida que avanza el tiempo, se revela con nitidez lo que el mileísmo es en esencia: una versión elitista del mismo modelo empobrecedor que representó el kirchnerismo. Un sistema de vaciamiento del Estado, con otro estilo y otros nombres, pero igual de corrupto. Alimentando la especulación financiera y la entrega de recursos naturales, mientras la vida cotidiana de los argentinos se deteriora.

El problema central es que, ante la falta de una alternativa clara, muchos argentinos permanecen atados al falso dilema: Milei o La Cámpora. El miedo al regreso del kirchnerismo funciona como sostén de un proyecto que ya muestra su agotamiento. Pero cuando el fracaso de Milei sea innegable —y lo será—, quedará al descubierto el entramado de corrupción que involucra a su entorno más cercano, desde los Menem hasta Karina Milei y el propio Presidente.

Frente a ese escenario, es clave que exista algo más. Que la sociedad no se vea obligada a elegir entre dos modelos que, con diferentes discursos, terminan hundiendo al país en la pobreza, el saqueo y la corrupción.

Por eso la elección legislativa de 2025 es una oportunidad estratégica. Somos Buenos Aires representa el inicio de una construcción distinta, con horizonte en 2027, anclada en el federalismo de los gobernadores —con Córdoba y Santa Fe como motores— y con presencia firme en la provincia de Buenos Aires, donde se define el futuro político del país.

La tarea inmediata es sencilla pero decisiva: hacer docencia en nuestras familias, en nuestros amigos, en nuestros ámbitos cotidianos. Explicar que esta elección no es un trámite, sino el primer paso para evitar que la Argentina quede atrapada en la trampa del pasado.

El mensaje debe ser claro: Ni Milei ni La Cámpora. Hay lugar para construir una alternativa seria, republicana y moderna. Y ese camino empieza ahora".

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