- 31 de mayo de 2022
La audiencia 68 del Juicio Brigadas, por delitos de lesa humanidad cometidos en centros clandestinos de detención y exterminio del sur del Conurbano, contó con la participación de cinco testigos.
El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata había anunciado que se incrementaría a partir de este martes la cantidad de testigos por audiencia, que hasta acá eran dos o tres. Declararon Miriam Gerelli, María Celeste Gutiérrez Gerelli, Juan Carlos Gutiérrez, Soledad Dossetti y María de las Mercedes Gallo Sanz. éstas últimas hijas de detenidos desaparecidos uruguayos. Se pidió información, además, por traslados de presos políticos en lancha hacia el país vecino.
Mirian Gerelli, hermana de Mirta Teresa Gerelli, fue la primera en declarar. María Teresa fue secuestrada el 26 de febrero del 1977 en Quilmes. Sobrevivientes al genocidio la vieron en los centros clandestinos de detención que funcionaron en los pozos de Banfield y Quilmes. “Continúa hoy desaparecida”, aclaró la mujer, que explicó que las circunstancias del secuestro fueron relatadas por su padre porque ella se encontraba en Concordia, provincia de Entre Ríos.
Era maestra de grado y enseñaba música al haber estudiado piano. En La Plata, en la Facultad de Bellas Artes, estudió pintura mural y fue docente de plástica. Durante estos estudios comenzó su militancia en el peronismo y se sumó a Montoneros. Tras el secuestro, a sus 31 años, sus dos hijas fueron entregados a los abuelos maternos. “Las criaron hasta que cada una hizo su vida, su familia”, señaló.
“Era un modelo a seguir”, dijo al recodarla, en el cierre del testimonio. “Siempre tengo en la memoria el poder de seducción para que la dinámica familiar se diera a su alrededor, sobre todo por el tipo de vivencia que le daba a las cosas. Era una gran relatora”, recordó, al tiempo que mencionó que en la casa siempre se habló de política y la militancia y el interés “fuerte” en la cosa social apareció cuando “Bellas Artes le abrió un mundo nuevo”.
María Celeste Gutiérrez Gerelli, hija de Mirta, fue la siguiente testigo. Ella y su hermana (Marina) fueron secuestradas junto a Hugo, el apodo de la pareja (Carlos Esteban Rodríguez), quien había ido a buscarlas a la casa de una tía de Mirta, quien la había llevado el día anterior. Fueron trasladadas a la casa de los padres de Rodríguez (estuvieron poco más de un mes) y finalmente pudieron irse con los tíos de su madre, que finalmente las llevan con los abuelos paternos. Juan Carlos Gutiérrez, la ex pareja de Mirta, también declaró.
El cuarto testimonio fue el de Soledad Dossetti, hija de desaparecidos uruguayos (Edmundo Sabino Dossetti Techeira e Ileana Sara M. García Ramos) y la nieta María de las Mercedes Carmen Gallo Sanz, restituida en 1999 por Abuelas de Plaza de Mayo. El 21 de diciembre de 1977 fueron secuestrados y la hija fue entregada al portero del edificio, luego fue enviada a Casa Cuna y recién en febrero fue entregada a su abuela materna.
Ella tenía siete meses cuando sus padres fueron secuestrados, por lo que ella no tiene recuerdos pero sí hizo carne los relatos de su abuela, que escribió un cuadernos con todos los detalles del crecimiento para su madre “para que no se perdiera nada, cuando volviera”, y de compañeros de sus padres. A través de una carta, logran comunicarse con la familia paterna para que puedan buscar a la pequeña. Viajan las dos abuelas (materna y paterna) desde Uruguay pero cuando llegan a la Argentina, no la pueden encontrar y pasa un tiempo hasta que la abuela materna comienza a tener encuentros con la beba.
Finalmente, se la entregan pero no le permitieron salir del país, y en el Sanatorio Güemes, el mismo en el que había nacido la pequeña, le negaron la atención médica que necesitaba. La jueza tomó licencia y la suplente le permitió irse e incluso la ayudó a juntar el dinero para pagar el pasaje. “Yo lo hago porque tengo hijos y no puedo soportar esta situación”, le dijo la magistrada. Y viajó.
“No pensábamos que fuera algo para siempre”, sostuvo a continuación en torno a la desaparición de los padres, y mencionó que siempre pensaban dónde estaban e imaginaban galpones. “Fue una alegría cuando vino la democracia pero un gran golpe cuando pasaba el tiempo y no aparecían”, mencionó. Habló también de vínculos “quebrados” a partir de la desaparición de los padres. “Yo pude hacer una vida completa y feliz pero también tuve terapia desde los 2 hasta los 22 años. La situación, la separación, el haber vivido con personas que han perdido a su hija tan jovencita no es fácil, la incertidumbre”, mencionó.
Hizo una breve descripción del “cuarto vuelo” y mencionó que de acuerdo a testimonios, los uruguayos detenidos eran interrogados por represores uruguayos. Estos presos políticos eran trasladados a Uruguay “pero nunca llegaban”, mencionó la mujer, y recordó el caso de Sara Méndez, quien fue trasladada con vida y luego detenida en Uruguay. Una de las querellas (Abuelas de Plaza de Mayo) solicitó que se pida información respecto de los vuelos y de viajes en barcos para el traslado de desaparecidos, cosa que Soledad confirmó haciendo alusión a viajes en lancha. La mujer también habló de vehículos con chapa patente argentina circulando por el país vecino por esos años, dando cuenta del entramado del Plan Cóndor.
La última en declarar fue la nieta restituida María de las Mercedes Gallo Sanz, restituida en 1999, cuando supo que era hija de los militantes uruguayos Aida Celia Sanz Fernández y Eduardo Gallo Castro. Aída fue secuestrada el 23 de diciembre de 1977 en su domicilio de San Antonio de Padua, embarazada a término. Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que permaneció detenida en el COT Martínez y en los Pozo de Quilmes y Banfield. En este último, el 27 de diciembre de 1977 dio a luz una niña a la que llamó Carmen. Entre el 24 y el 27 de diciembre del mismo año fue secuestrado Eduardo en la localidad de Laferrere, también fue visto en esos centros clandestinos de detención.
“Hay distintos testimonios que hablan de que estuve algunas horas, otros algunos días, con ella. Pero me trasladan a una clínica de Obstetricia que tenía Bergés en la ciudad de Quilmes y mi madre es trasladada al Pozo de Quilmes. Hay testimonios de que se la ve con vida hasta marzo de 1978”, relató. “Mi padre también es visto hasta marzo pero hay testimonios que dicen que fue trasladada a Uruguay. En el caso de mi abuela no hay relato”, apuntó.
El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el martes 6 de junio, a las 8.30. Será la quinta audiencia semipresencial.
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