- 06 de noviembre de 2025
La fábrica, con cerca de 200 operarios y 100 empleados administrativos, es un polo industrial tradicional del sur del conurbano.
Este lunes 3, la planta de Sealed Air Quilmes comunicó el envío de 89 telegramas de despido, en el marco de una reestructuración empresarial que ampara las desvinculaciones en el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo.
Tal como ocurrió el verano pasado, cuando el despido de un activista sindical derivó en una semana de paro y asamblea, esta vez los trabajadores optaron por una nueva medida de fuerza: al tercer día del paro total de la producción fueron informados de una audiencia convocada por el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. Luego, la asamblea general de la planta abordó los detalles de ese encuentro.
Desde el gremio petroquímico se anunció una conciliación obligatoria, lo que permitió que los operarios retomaran tareas. Pero un hecho llamó la atención: el acta de la conciliación no fue presentada por escrito “porque el delegado regional estaba en el cónclave de la CGT por la nueva conducción”. Por ahora queda pendiente que la empresa muestre su cumplimiento.
La empresa habla de un ajuste que alcanzaría al 40 % de la plantilla, aunque crecen los interrogantes. Las jornadas de 12 horas —habituales desde hace años en esa planta— no muestran una reducción en la producción, lo que pone en duda el argumento de “reestructuración operativa”. A nivel global, según datos consultados, la casa matriz de Sealed Air registró ingresos por 1.350 millones de dólares en el tercer trimestre y mantiene liderazgo en su rubro, aunque advierte sobre menor crecimiento en 2026.
“Para los trabajadores, el escenario exige otro paso: durante los 15 días de conciliación, se torna prioridad un plan de lucha estructurado, que contemple el reporte de negociaciones en actas, participación activa de la asamblea y vigilancia ante rumores de pasillo”, opinó un representante gremial combativo.
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