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(Por Carlos Pérez Gresia) "Los datos de la realidad son complejos, las muertes por Covid19 no alcanzan los niveles dramáticos de otros países de la región, pero la cantidad de infectados avanza regularmente, el pico esta delante de nosotros todavía".

“La otra cara de la crisis, la económica, avanza a ritmo desconocido en nuestra historia, con una caída del PBI muy fuerte , y una tasa de inversión que no alcanza a reponer el capital de trabajo, llevando la pobreza al 50%.El relevamiento efectuado por el Banco Central estimo una caída del PBI para el 2020 de 12%, si sumamos las caídas desde el 2018 la Argentina sufrirá en 3 años alrededor del 20% de pérdida de producto. Considerando que la caída del 2001 fue la mitad, podemos imaginar las consecuencias graves que esto traerá para los argentinos. Con reservas disponibles que orillan los 10.000 millones de dólares”.

“Por supuesto esta realidad no es fruto solo de la pandemia y la cuarentena aplicada, sino que continúa la decadencia argentina que atraviesa gobiernos y mucho tiempo. Pero el cierre total de la vida económica agravo todos los problemas, profundizando la decadencia y sus derivaciones, pobreza, cierre de empresas, con la perdida de capital productivo, y su impacto en la calidad de vida y la salud pública. Era posible otro equilibrio entre salud y economía, se podría haber aplicado una cuarentena flexible, segmentada, siguiendo la trazabilidad del virus, detectando en tiempo útil los infectados, aplicando el necesario distanciamiento social?  SI. Experiencias como la uruguaya, e incluso la de Rosario, indican que era posible. Para no referirme a otros ejemplos en el orden internacional”.

“En este marco Alberto Fernández repite, cada tanto su vocación por el dialogo y el respeto por los marcos legales, pero en los hechos el gobierno no aplica ese discurso. Propuso una expropiación al margen de la constitución y sin recursos para pagarla. En el parlamento procedió sin respetar los acuerdos alcanzados para su funcionamiento. Nada justifica discursos tremendistas, que alientan pronunciamientos no democráticos, tampoco se facilita el camino del dialogo silenciando las críticas constructivas al gobierno, ni apoyando acríticamente sus decisiones.  La responsabilidad central para abrir un diálogo constructivo es del que gobierna. Que debe proponer la agenda, las prioridades y objetivos. Tampoco se crean condiciones para el dialogo, si aparecen maniobras varias para alcanzar la impunidad de los corruptos, si se impulsa una moratoria que incluya a los impuestos sobre combustibles y apuestas, también a las empresas en quiebra. A medida de un nombre propio: Cristóbal López”.

“Señor Presidente, está a tiempo, proponga una agenda y convoque al dialogo, el tiempo es limitado y la perspectiva muy compleja. Seguramente la oposición responderá positivamente, pero hágalo en serio, superando las operaciones de los que fracasaron una y otra vez”.

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