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“Un 7 de agosto inédito. Los santuarios cerrados. La gente en su casa. En la calle, sólo los que realizan tareas esenciales y los que no pueden estar sin salir a buscar el pan de cada día”. Así comenzó la homilía por San Cayetano, el obispo de Quilmes.

“La pandemia ha causado y sigue abriendo heridas profundas, dejando a la vista nuestras fragilidades personales y sociales”, acotó el referente de la iglesia zonal y presidente de Cáritas en la República Argentina.

“¿Qué podemos hacer en este tiempo, amigas y amigos de San Cayetano? ¿Cómo podremos honrar mejor a San Cayetano? ¿Cómo podemos seguir el camino que él nos indica?”, se preguntó Tissera en otro momento de la ceremonia y respondió: “Escuché por radio un lindo testimonio. Hablaban del IFE, este Ingreso Familiar de Emergencia, ayuda que da el Estado en este tiempo de emergencia por el Covid-19. Resulta que un muchacho, casado con hijos, todos los días iba a ver a sus padres por si necesitaban algo; no eran ancianos pero si adultos mayores. Les preguntaba como estaban de salud y si necesitaban algo; ellos le decían que gracias a Dios no necesitaban nada. Un día fue, y la madre le dice que a la noche mirara tal noticiero porque salía su papá. Así fue. El papá, que era cocinero profesional, iba todos los días a colaborar en la olla popular de San Cayetano en Liniers. Le hicieron el reportaje y, entre lo que contó su papá dijo que se había quedado sin trabajo, y por eso iba a colaborar al Santuario. El hijo allí supo, por televisión, que su padre era un desocupado más”.

“Los padres muchas veces ocultan cosas a sus hijos, para no preocuparlos. En este caso, el muchacho tenía varias bocas que alimentar… Entonces este hijo pensó: Si nosotros recibimos el IFE, por qué no lo juntamos y compramos lo necesario para hacer un emprendimiento de cocina en casa de papá. Se lo propusieron a sus padres, y hoy esos padres vuelven a tener su trabajo en la casa, y venden pan y pizzas en el barrio a precio acomodado para quienes van a comprar”, agregó.

En sentido, sentenció: “Eso hace la fe, la esperanza y la caridad en los corazones de las personas. De ese modo transformamos nuestra realidad personal y la de los demás hermanos. San Cayetano no sólo intercede por nosotros, él también nos enseña caminos nuevos, enciende luces en nuestras oscuridades, cuando sabemos ponernos ante Jesús, como aquellos hombres que llevaron en camilla a su amigo paralítico. Hoy, aquí y en Argentina queremos decir: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”.

Por último, manifestó: “Con el Padre Obispo Maxi quiero saludar a todo el pueblo de la Diócesis de Quilmes, de los tres partidos de Berazategui, Florencio Varela y de Quilmes. Nos sentimos cercanos a los que sufren la muerte de seres queridos; a los enfermos y a sus familias; a los agentes sanitarios de clínicas y hospitales; a los que no tienen trabajo o sienten la angustia de la inseguridad laboral. De aquellos que han perdido sus fuentes de trabajo, sus empresas o emprendimientos; de aquellos que se esfuerzan para mantener el trabajo de sus empleados; de las personas que creen que es posible construir juntos una sociedad más justa y solidaria”.

 

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